Niño corazón de saiyajin

Luego de oír la campana de salida, se escapó entre el desorden que armaban sus compañeritos, subió a su bicicleta y comenzó a pedalear sin descanso, y para no sentir las infinitas diez cuadras que recorría para llegar hasta su hogar, cantaba en su mente “Cha La Head Cha La no importa lo que suceda, siempre el ánimo mantendré…”
Al llegar a su casa, tiró su mochila al cuarto y encendió el televisor de la sala para ver la añorada transformación del Supersaiyajin, pero el momento en que silenció los aburridos comerciales, escuchó el llanto de la bebe que estaba en la otra habitación y fue a ver que le sucedía.
Al pie de la cuna, replegada sobre sí misma, estaba su madre llorando en silencio. Con pasos lentos y silenciosos, avanzó a hacia ella y acaricio su cabello.
– ¿Qué te pasa mami?
La madre recobró su postura y secó sus lágrimas para tratar de disimular su estado.
–Nada mi amor. –Dijo, apretando los labios para que su llanto no escapara.
– ¿Qué le pasa a la nena, mami? ¿Por qué está llorando?
En lo más profundo de su ser, aquella mujer se preguntaba: ¿Cómo decirle a un niño las cosas que solo un adulto entiende? ¿Cómo ocultar el sufrimiento ante una criatura que solo merece conocer la felicidad? ¿Cómo ser sincera, ante una lamentable realidad?
La madre tomo las manos del niño, con una mirada de amor impotente y con lágrimas que no querían rodar por su rostro, le dijo:
–Escúchame bien mi amor. Mami los ama mucho a los dos. Pero yo no tengo las fuerzas suficientes para darles todo lo que se merecen. Tu hermanita está llorando porque no ha comido y yo no tengo dinero para comprarles comida y a ella no le puedo dar tortillitas con sal así como hago contigo. Voy a vender a tu hermanita para que ella pueda tener una mejor vida y para que nosotros podamos conseguir algo mejor.
Aquel niño miró a su madre con sencillez e inocencia, con voluntad y determinación, con valor y una fe inquebrantable que solo un niño puede tener, para decirle:
–Mami, mejor véndeme a mí. Porque yo si conozco el camino de regreso, pero la nena no.