El gato en la azotea

Schrödinger se iba de vacaciones y le dejó encargada su casa a su gran amigo Günther, en donde vivían su gato y su tía.
—Mira, Günther, te encargo mucho mi casa, mi gato y mi santa tía, eh. Me los cuidas mucho, Günther.
—Tú no te preocupes, Schrödinger, disfruta tus vacaciones que yo me hago cargo de todo.
—Bueno, lo dejo todo en tus manos, Günther. Sólo mantenme informado de las novedades. Mira, te dejo la dirección donde puedes localizarme, por cualquier cosa que se ofrezca. Me mandas una carta, un telegrama, lo que sea.
—Está bien, Franz, está bien, pero todo va a estar bien, ya lo verás.
Se va Franz de vacaciones y cuando llega al hotel, se encuentra en la recepción con que tiene ya una carta de Günther. Presuroso corre a su habitación, se instala, abre la carta… y la lee:

«¡Schrödinger, amigo mío! ¡Sucedió una tragedia! ¡Se murió tu gato! Sí, tu gato… ¡caput! Se subió a la azotea y no pude detenerlo; luego quise evitar que se acercara al borde, y no lo alcancé; después quise evitar que se arrojara desde el techo, pero fracasé en mi intento. Finalmente, cuando bajé al patio para rescatarlo, ya no respiraba. ¡Estaba ahí todo… despanzurrado! ¡Qué horrible trageida, Schrödinger! ¡Nunca me perdonaré por esto…!»

Schrödinger, al borde de la convulsión, se desespera, se pone triste, la cabeza le da vueltas, llora, grita, se lamenta, no sabe qué sucede… hasta que, con dificultad, asimila la noticia. Entonces le contesta la carta a Günther en los siguientes términos:

«Günther, es muy triste la noticia que me das y causó en mí un gran impacto. Te pido por favor que seas más cauto en tu forma de darme las noticias, para que me vaya yo previniendo. Por ejemplo, en un telegrma dime: ‘Franz, tu gato subióse azotea’; en otro me dices: ‘Franz, tu gato acercósa orilla’; en el siguiente, ‘Franz, tu gato quiere saltar’; en otro: ‘Franz, tu gato saltó azotea’; en otro ‘Franz, tu cayó suelo’. Y en el último: ‘Franz, imposible salvar vida gato. Condolencias’. Así, poco a poco, para que me vaya yo preparando. ¡Pero no me des tan bruscamente esas noticias tan tremendas».

Al cabo de un par de días, Franz recibe un telegrama de Günther, que dice: «Franz, tu tía subióse azotea»…