Carta de la Abuela

¿Se imaginan tener una abuelita así de graciosa? vaya lo que es la inocencia, cuando escuchamos esta palabra la asimilamos a los niños y se nos hacen muy tiernos (claro ejemplo del niño que no comprende como puede haber dos hombres casados entre sí, pero al final los deja jugar :), dejen encontrar ese vídeo y lo publico) pero bueno los adultos también pueden ser ingenuos y verse lo más tiernos, muchas veces creemos que un adulto no es para nada divertido, quizá nos hace falta conocer a los adultos indicados, pero bueno al final de cuentas sea el adulto que sea simplemente hay que aprender a amarlos y en el peor de los casos tolerarlos, un saludos a mis profes (si hay que quedar bien ahorita que ya casi iniciamos otro semestre, no vaya a ser la de malas jajaja), pero bueno en este lunes de lectura les dejo una carta escrita por una abuelita a su nieto.

Querido nieto:
El otro día tuve una experiencia religiosa muy buena, que quería compartir contigo. Fui a la librería cristiana y allí encontré una calcomanía para el auto que decía «TOCA LA BOCINA SI AMAS A DIOS». Dado que había tenido un día muy malo, decidí comprarla y pegarla en el paragolpes de mi auto.
Al salir manejando, llegué a un cruce de dos avenidas que estaba muy complicado, con muchos autos. La temperatura exterior era de 37 grados y era la hora de salida de las oficinas. Allí me quedé parada, porque la luz estaba roja, pensando en el Señor y como El es bueno.
No me di cuenta que la luz se había puesto verde, pero descubrí que muchos otros aman al Señor porque inmediatamente comenzaron a sonar las bocinas.
La persona que estaba detrás de mí auto era sin duda muy religiosa,ya que tocaba la bocina sin parar y me gritaba: DALE, POR EL AMOR DE DIOS. Dirigidos por él, todos hacían sonar la bocina. Yo les sonreí y los saludaba con la mano a través de la ventanilla.
Vi que otro muchacho me saludaba de una manera muy particular levantando solo el dedo medio de la mano. Le pregunté a otro de mis nietos, que estaba conmigo, que quería decir ese saludo. Me contestó que era un saludo Hawaiano de buena suerte. Entonces yo saqué mi mano por la ventana y saludé a todos de la misma manera.
Mi nieto se doblaba de la risa, supongo que por la bella experiencia religiosa que estaba viviendo.
Dos hombres de un auto cercano, se bajaron y comenzaron a caminar hacia mi auto, creo que para rezar conmigo o para preguntarme a que templo voy. Pero en ese momento fue que vi que la luz estaba verde. Entonces saludé a todos mis hermanos y hermanas y pasé la luz.
Luego de cruzar, noté que el único auto que había podido pasar era el mío,ya que la luz volvió a ponerse en rojo, y me sentí triste de dejarlos allí después de todo el amor que habíamos compartido. Por lo tanto, paré el auto, me bajé, los saludé a todos con el saludo hawaiano por última vez y me fui.
Ruego a Dios por todos esos buenos hombres y mujeres.
Besos.
Tu abuela.